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El origen de Vinculum Cordis no fue una iluminación mística ni un rayo divino cayendo sobre la mesa.
Fue más simple —y más humano—

Un día la vida nos estaba pidiendo demasiadas cosas y el alma nos pidió una sola… verdad.
O como decimos sin tanto adorno: nos pidió La Neta.
La neta para sentir. La neta para nombrar lo que duele. La neta para recordar lo que sostiene. 
Y para reírnos un poco en el camino, porque a veces eso también salva.

Vinculum Cordis nació en ese territorio raro donde lo cotidiano y lo sagrado se tropiezan sin pedir permiso.
En la belleza de una taza de té caliente, sí…pero también en el cansancio honesto,
en la risa que te rescata en medio del desastre,
en la palabra que llega cuando ya no puedes sostener la pose. 
En la verdad dicha sin maquillaje ni luz favorecedora.
Aquí no buscamos perfección espiritual. 
Buscamos presencia.   
Buscamos honestidad. 
Buscamos esa magia simple que aparece cuando dejas de fingir que estás bien y vuelves —por fin— al centro, 
con amor, con humor, con alma.

A veces te acompañamos con una carta suave.
A veces con una historia irreverente que pica tantito. 
A veces con una frase que arde lo justo para despertarte.
Y mañana quizá será un libro, un ritual, un objeto, o algo que todavía no sabemos nombrar.

Y todo —todo— nace del mismo lugar: un corazón diciendo su verdad,
aunque tiemble, aunque duela, aunque brille demasiado.

Si algo define a Vinculum Cordis es esto: 
recordarte que la vida tiene un pulso, que tú también lo tienes,y que siempre puedes volver a él.

Aquí, lo cotidiano se vuelve hogar.  Lo real se vuelve puente.  Y lo simple vuelve a ser medicina
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